:)
26.10.09
14.10.09
7.10.09
- Esta es una casa muy espaciosa, y a la vez por momentos estrecha... Hay un par de ambientes que según el día o el horario parecen más o menos amplios... Acá pasé las mejores vacaciones de mi vida. Por eso me cuesta tanto irme.
- Las vacaciones son eso, vacaciones. En algún momento tenés que volver a lo cotidiano,
- Sí, pero
- ... vivir de vacaciones tampoco es sano
- Ya sé, ya sé. Pero, pasa que, vacaciones que... imprimieron, entendés? Yo ya no sé donde terminan las vacaciones y donde empieza lo que para mi es "cotidiano".
- Cómo?
- Y... pienso mucho en quedarme.
- Pero y tus cosas? Además, no es una casa de vacaciones?
- Mis cosas ahora son un poco estas... Es una casa rara, además. No podría definirla como "casa de vacaciones" porque seguramente ese sea el concepto que yo tengo de la casa; seguramente a muchos otros les parecería una cueva rara y un poco asfixiante. Es una casa que... no siempre tiene ventanas
- Eh?
- No siempre tiene ventanas. Es una cosa medio mágica. Usé la puerta una vez, una vez sola, y después se abrió y cerró varias veces, pero yo no volví a atravesarla. Yo estoy cómodo adentro.
- Pará pará, nunca saliste?
- Tampoco estoy seguro de haber estado del todo adentro... No, mentira, sí, estuve adentro, estoy adentro, seguro. Pero cuando entré... no era mía; ahora es mía, pero mía sola; ya no está ninguna de las personas que antes estuvieron, ya no se sienten en las paredes. Ahora es mía y de la luz de las ventanas.
- Un okupa, ja
- Sí, jaja, hasta un cierto punto, puede ser. La casa me fue entregada en un primer momento de manera absoluta, después por momentos no la sentí tan mía, después sentí que era mía pero también de muchas otras personas, despúes que era mía y de un par más... Ahora es mía, y hay gente que va y viene, pero es sobre todo mía.
- Ahí es donde se abre la puerta
- No, la puerta no volvió a usarse. Es una casa de ventanas ocasionales.
- No logro entender eso
- Últimamente pasa que... La casa es más bien oscura. Yo tengo igual mis lámparas, mi propia luz, y hay chimeneas y una claraboya chiquita por la que entra una luz muy modesta pero constante. Pero las ventanas en general están todas cerradas, y yo ya no soy el que las abre.
- Pará, ahora me decís que hay fantasmas
- No son fantasmas, o sí en algún sentido, pero no. Es la luz, es luz que entra de repente, y cada tanto. Cada dos o tres semanas, o a veces menos tiempo, o a veces mucho más tiempo, la luz de afuera (y hablo de luz solar, no de experiencias esotéricas)... abre las ventanas. Las abre. Todo es oscuro, y de repente se empieza a sentir la luz (y se siente en serio, es como un calor apenas, un algo tibio) y me acerco a las dos o tres ventanas que hay y se abren solas, como empujadas desde afuera por la luz, y de repente todos los ambientes, o casi todos, se iluminan, y quedan dos o tres cuartitos medio a oscuras pero la luz es suficiente para alcanzar casi todo. Dura un tiempo, después empiezan a caer gotas, se sienten los primeros relámpagos, y las ventanas se cierran. De repente, así nomás. Las tormentas no entran en la casa, las tormentas pasan afuera, y en esos momentos adentro no hay luz natural. Y queda esperar que vuelvan a abrirse las ventanas.
- Y qué hacés entre ventana y ventana?
- Pienso mucho. También leo. Hay un sótano al que a veces bajo y siempre encuentro alguna cosa distinta; algún mazo de cartas que alguien se dejó, o blocs y lápices para dibujar, o fotos con las que me entretengo un rato. Es raro, porque es un sótano atiborrado de cosas (el resto de la casa está más bien vacío), y sin embargo cuando todo se llena de luz uno se olvida de que existe.
- Ahora, un bajón, yo no me bancaría una existencia así ni en pedo, esas son vacaciones?
- Más de una vez, o varias veces por semana, agarro las cosas que me traje, voy hasta la puerta, decidido, y cuando estoy a punto de abrirla... pienso en la luz, y me quedo. Nunca me animo a irme, porque siempre pienso que puede volver a entrar la luz. La luz hace que todo sea tan alegre... Por ahí es triste, pero a mí me resulta hasta te diría natural; es la misma razón por la que nunca podría suicidarme: me agarraría a último momento un "y si juusssto mañana empezaba a andar todo bien??".
- Entiendo.
- Igual, es luz, y luz hay en todas partes, pero por ahora estoy cómodo acá y viendo cómo la luz impacta en estos cuartos, en estos ambientes. Algún día voy a salir por la puerta, o voy a quedarme acá si las tormentas paran. La verdad no sé. Por ahora...
- Esperar las ventanas
- Esperar las ventanas.
5.10.09

Cíclico, ultimamente
cada dos semanas
días más días menos,
reformulo todo.
Y ya sin ganas
porque ninguna conclusión es productiva.
O sí, pero un rato.
Seguramente tenga que volver
a dejarme llevar por las cosas
a tirarme de espalda sobre la corriente
seguramente tenga que volver a no tener miedo de lo que viene
Hoy tengo una hermana de 15 años. Ayer tenía menos.
Y muchos mundos confluyen y todo vuelve a caerse del estante
4.10.09
"and I told you to be patient; and I told you to be fine..."
Ayer sábado salí de la facultad a las 13 h aproximadamente y como el día era un día tan lindo, quise caminar. Agarré entonces por calles que apenas conozco, por barrios que apenas conozco (Caballito tiene partes tan lindas, y con Flores Dolina al final tenía algo de razón), con el objetivo no declarado de perderme. Escuchaba a Bon Iver, y terminé en callecitas lindísimas con casas increíbles, y vi un par de edificios que me llamaron mucho la atención y están como perdidos entre muchas otras cosas. La fortuna quiso que me encontrara (muy de casualidad y tras tomar una decisión completamente impulsiva y caprichosa sobre agarrar por una calle y no otra) con una amiga mía con la que nunca me cruzo por la calle y menos por esos lares. Con ella hablé porque con ella tenía que hablar y no hablaba hacía mucho. Después de comer un tostado que no satisfizo el hambre ni justificó la media hora de indecisión sobre qué comer, seguí camino y llegué hasta mi casa. Pongamos que 150 cuadras. Después estuve con dos amigos más tirado en el pasto disfrutando el especialmente cariñoso sol.
Cuánto necesitaba todo eso, y hace cuánto que no lo hacía. Perderme para acordarme de que siempre termino encontrando solo la manera de llegar a mi casa.
22.9.09
idea para historia o para meter en algún lado.
Un hombre prepara su gran fiesta de cumpleaños. Una vez que toda la comida está lista y servida, los pancitos con boludeces, las tostaditas con boludeces, las papas fritas, la bebida, la gente por llegar, muere. El velorio es en la casa. No necesitan contratar catering.
(aportes de lau)
14.9.09

Y para estas ocasiones, un remedio, entre muchos otros, para relajarse y distenderse y acordarse de cómo el mundo es lindo:
1) Vaya a algún lugar arrabalero, preferentemente san telmo.
2) Busque algún galpón en el que haya gente bailando tango, o boleros, todos con todos, indiscriminadamente, completos desconocidos bailando entre ellos porque sí.
3) Siéntese en el piso. O en una silla, o quédese parado, da exactamente lo mismo.
4) Empiece a mirar a la gente. A la gente bailando. Acá lo que importa no es la música, y a nadie le interesa si Gardel o Discépolo, no es el sonido el que debe acaparar nuestra atención sino lo que su sombra provoca.
5) Tampoco aconsejo que se interese en los pies. Las piernas son muy lindas, se mueven muy armónicamente, hacen movimientos y giros que a uno atraen indefectiblemente, pero no es eso tampoco el objeto de nuestra atención.
6) Las caras. Fíjese ud. en las caras. Las expresiones de la gente bailando tango. De los hombres, pero de las mujeres sobre todo. Cada estilo de baile provoca distintas expresiones faciales que son dignas de estudio, y en todos los estilos las caras son muy particulares; pero el tango, el tango, es muy diferente y mucho más emocionante. Las caras de las mujeres. Los gestos que pueden hacer que uno piense en tantas cosas. Hay como algo maternal en el tango, y nada como esas expresiones le traerá tan a la cabeza la imagen de su madre leyéndole cuentos, su madre escuchando una canción de cuando era chica, su madre haciéndole una torta de cumpleaños.
4.9.09
Qué interesante.
Por primera vez la sensación de estar afuera de
tanta sensación de estar afuera.
Otra edad, otredad.
4.8.09
5.7.09
edición.
qué será esto, me pregunto, de entusiasmarme con la idea de
corregir, recomponer, reencauzar, arreglar reparar modificar
lo que a veces dicen otros
y qué será esto de querer hacer de eso profesión de repente
cual es el origen la raíz el motivo
15.6.09
es raro, lo de los robos.
uno es asaltado, despojado de alguna de sus posesiones prácticamente sin preámbulo alguno ni despedida posible, y en pocos segundos (que se sienten segundos, al mismo tiempo minutos, y al mismo tiempo no-tiempo), lo único que queda es silencio rarísimo, el ver una persona corriendo sin mirar para atrás, y la sensación
de no tener ninguna sensación
y todo es instantáneo inmediato veloz
después uno putea, grita, o llora, o patea cosas, o todo a la vez
marca ese número de teléfono, y no otro, ese primero, no se le ocurre otro a uno que ese,
y dice "me robaron, ya no tengo tal cosa, tanto que quería esa tal cosa"
y espera del otro lado algún tipo de contención, pero en realidad no, lo que uno quiere en ese momento es la realidad, el recordar el cariño, el confirmar calidez, porque
pasa esto: uno siente como que se da vuelta, patas para arriba, y todo gira un poco, y uno pierde perspectiva de las cosas; y entonces se siente como que uno se va despegando de la tierra, chupado hacia arriba por la impotencia o como quieran llamarlo, y necesita agarrarse de ese arbolito que está ahi y es el único punto de equilibrio y rescate. Todo esto en una escala menor, mucho menor, pero más o menos así. Podría hacer una referencia a Harry Potter pero para qué.
Y entonces uno pisa tierra firme de nuevo, hace un par de llamados más, en todos por suerte no te pasó nada, estás loco, cómo vas a intentar resistirte, jugarte a no darle tu verdadero celular, y termina yendo a una comisaría, a hacer denuncia tan sólo por estadística, y las cosas continúan su curso natural.
pero es raro, una sensación muy rara. como de perder el poder sobre lo propio, y recuperarlo muy rapidamente pero sin poder hacer nada para arreglar lo que pasó en el interín
2.6.09
7.5.09
El estrés. Es.
leer cosas estresantes
de maner as escritas es
tre sante m n
y las muchas horas de espera que pasan en una cola de un supermercado
cuando tengo tres boludeces
y la señora de adelante dos
y el señor de adelante de la señora cuatro
pero
la madre de después hacia la puerta tiene dos changuitos muy pletos
y hay no cinco no cuatro no tres no dos sino una
sola cajahabilitadaentrelasochopuestasahí
y los débitos autom t c
y los mensajes no contestados sodatsetnoc on sejasnem y
la k, la letra k me estresa
y
mi estrés flaco comparado con otros estreses de otras personas
tanto más dignas de llamarse est s das
y el chiste flaco también de que el estres es uno más despues de esuno y esdos
y esto.
3.3.09
.lolita. dice:
recien le acabo d decir dice que blastido gris embalzamado en carne osea
max dice:
jajajajajajajajaja
que fuerte
casi como si le dijeras que endoplasma cuneiforme adoquinado en zapatín
.lolita. dice:
cortala con los mandraques, EBER
max dice:
una vez se lo dije a alguien
murió
pero antes exhalitó su último proncobastión imperativo
.lolita. dice:
que feo, y yo que pensaba que eras el pastor de la buena jungla
ahi corté
max dice:
era
.lolita. dice:
custaqui de 4 y tres brisas..... jaleo permanente en la cofia de tu entorno
max dice:
prestipolorgos, séptimos y ciruenvalentes. Un jolgorio de sirtamonios, un jolgorio
6.10.08

subteamo.
Una mujer empieza a trabajar tarde en su vida y utiliza el subterráneo por primera vez. Al no tener idea, levanta la mano en el andén cuando ve venir el subte. Muchos se ríen y asumen que es del campo, o algun lugar del interior. Ella no escucha, porque tiene problemas auditivos y porque se encuentra concentradísima en levantar la mano para que el subte pare: las mujeres que empiezan a trabajar de grandes grandes hacen todo con muchísima más concentración y dedicación que la que los demás emplean.
A todo esto, el conductor del tren que pasa por aquella estación de subte a esa hora, la ve a ella, levantando la mano, y sonríe. Verla parada, con el brazo levantado, envuelto todo de lana de saquito gris, le hace recordar cosas. No interesa cuales; cosas gratas. El subte se detiene, ella sube. Sube al subte, y viaja. Dos estaciones después baja, y camina, apurada pero modesta.
Al otro dia, sucede exactamente lo mismo. El maquinista, tan sólo un día después, ya espera verla nuevamente. Un subte no tiene radio en la cabina del conductor, y él no tiene con qué entretenerse, entonces encuentra la pequeña satisfacción de su rutina laboral en este tipo de acontecimientos. Ella, por supuesto, se encuentra ahí, brazo extendido, saquito de otro color sobrio. El vuelve a sonreir. Ella no. Pero porque no lo ve, concentrada en su rutina. De todas formas, si lo viera, probablemente tampoco sonreiría. Tal vez sonreiría tímidamente, más por encontrar curioso que un conductor de subtes sonría que por sentirse destinataria de tal gesto.
Así, todos los días de la semana, durante al menos dos meses, el ritual se repite. Nunca, jamás se altera: él siempre maneja la misma máquina a la misma hora, y ella, como es costumbre en ciertas personas y especialmente en personas de una determinada edad, tiene una rutina diaria tan esquemática y exacta que siempre se encuentra en el andén con su saquito a la misma hora, mismos minutos. Él, bastante menor que ella, se va enamorando. El brazo levantado envuelto en lana de saquito, la expresión de concentración responsable, el pelo corto con varias canas, son desde aquel primer día la razón por la que se levanta a la mañana. De manera conveniente a la historia, su vida es poco interesante, lo cual provoca que el amor que tiene hacia la pasajera matutina crezca exponencialmente a medida que pasan los días, por ser lo único emocionante que le ocurre. Los fines de semana, sin trabajo y sin señora con saquito, se vuelven insufribles, y no hace más que dormir sábados y domingos enteros esperando con ansiedad el reinicio de la semana laboral. Es una obsesión, pero benigna; él sabe que nunca va a saber el nombre de ella, nunca va a poder bajarse del subte para hablarle, y sabe también que nunca va a haber un avance en su relación. Sin embargo esto no le preocupa, ni tiene pensado cambiar la situación. Sabe, además, que de hacerlo todo cambiaría indefectiblemente: ella ya no levantaría la mano y en cambio le sonreiría, o no lo haría; de cualquier manera, la actitud cambiaría, y él ya no podría esperar verla con el brazo indicándole que frene, ni ningun otro tipo de constancia enternecedora. Es por esto que no hace nada, y continúa regodeándose con ternura en ella, con su inocencia, su ingenuidad, y su incansable rutina.
Un buen día, sin embargo, ella no es la de siempre y ciertos pensamientos la perturban. Preocupaciones. Por este motivo, una vez en el andén, es más susceptible que de costumbre a las distracciones porque su mente se dispersa con mayor facilidad, y esto hace que note, por primera vez, las risas. Nota entonces que la miran, y nota también que nadie levanta la mano además de ella. Esto, lo de las manos, ya lo había notado en una ocasión, pero lo atribuyó a la clásica comodidad de la gente; si ella no levantaba el brazo, lo levantaría otro, pero con una persona siempre era suficiente. Ella se había atribuido inconsciente e involuntariamente el trabajo de ser quien detuviera el tren de esa hora, o de lo contrario nadie llegaría a su trabajo a horario.
Ahora bien, este suceso la descoloca. Se siente incómoda y humillada, herida en su orgullo. Sube al vagón rapidamente, y se baja de igual manera. Su saquito verde y su pelo cada día más blanco producen, con el rojo vergüenza de su cara, un efecto algo navideño pero melancólico. Él la nota turbada, y por empatía se preocupa.
Al día siguiente, y después de una noche en que logra dormir poco más de dos horas, el conductor del subterráneo se levanta consternado. Sabe, siente, que algo ese día va a cambiar y de manera drástica. Se viste con manos temblorosas, enciende el motor de la formación sudoroso, presiona el acelerador hecho un manojo de nervios. Al llegar a la que desde hace tiempo es su estación preferida no puede evitar mirar con desesperación y ganas de ser ciego, y en efecto ahí está: la ausencia absoluta, todos brazos caídos, pegados, límpidos casi, o agarrando carteras, celulares, cigarrillos, o sosteniendo manos de otros brazos, pero ninguno extendido. La banalidad fatal de la estación lo inunda, y no puede soportar la desdicha de verla parada a lo lejos sobre el andén, con un saquito que hoy es beige, mirando hacia abajo.
Ella, mientras tanto, no deja de pensar en lo que está haciendo. Decidió la noche anterior no parar el subte al día siguiente, y observar las consecuencias. Es una mujer razonablemente orgullosa, y ha llegado a la conclusión (o decisión) de que las risas de la gente nunca se debieron a su brazo levantado. Quizás, probablemente, se reían, ignorantes de su situación, del hecho de que fuera mayor y fuese a trabajar, y encima en subte. Ignorantes. Irrespetuosos. Esto se decía, aunque no estaba completamente convencida; por esto es que resolvió al otro dia no levantar el brazo. Si el tren se detenía, debería aceptar la derrota, por duro que fuera. Si no lo hacía, en cambio, saborearía la victoria, y enseñaría a sus irreverentes compañeros de viaje, que estarían contando con su incansable y constante brazo, una lección.
Como su vida nunca fue interesante, pequeñas decisiones como ésta le resultan osadísimas y le dan una sensación de adrenalina y aventura que de tan poco familiar la aterra. Por este motivo, esa mañana se viste con manos temblorosas, cierra la puerta de su casa sudorosa, y camina los pasos que separan el molinete del borde del andén hecha un manojo de nervios. Al ver acercarse el tren, aprieta fuerte su cartera, se muerde el labio inferior, y sintiéndose terriblemente apesumbrada, mantiene su brazo inmovil.
El conductor se va acercando a ella, muerto de angustia, cuando nota en el gesto, la expresión, y la postura de su querida pasajera, un aura de duda y temor. Inventa incluso en su amor dramático una lágrima. Entonces, inmediatamente, y de manera completamente espontánea e instintiva, comprende la situación. Alguien, con la crueldad y maldad del chico de 14 años que le dice a su hermanito de 5 que Papá Noel no existe, le contó la verdad del subte. No puede haber otra explicación posible. Al entender esto, descubre que puede hacer algo al respecto. Conoce perfectamente las consecuencias negativas que puede llegar a tener su accionar, pero no piensa en eso ya que sólo puede pensar en el bienestar de ella. Instantáneamente, se decide por enarbolar la bandera de la inocencia y aprieta, decidido y eufórico, el acelerador. La estación pasa tras de él y puede observar rápidamente al pasar las caras de sorpresa indignada de quienes esperan en el andén y cree escuchar los gritos furiosos de los pasajeros que pretendían bajarse en la estación que ahora desaparece. Antes de adentrarse en el túnel nuevamente, el conductor ve, por el rabillo del ojo, que ella levanta la cabeza, sorprendida y con la cara iluminada de triunfo. A él esto le alcanza.
A ella le sobra. A la edad que tiene, ciertos sentimientos ya se encuentran desgastados y muchos forman parte de la memoria, en una resignación pacífica de saber que no van a volver a ser experimentados. Cuando esto ocurre, otros sentimientos, como la culpa, se intensifican. Y justamente la culpa es algo que en ella se ha ido acentuando especialmente a lo largo de los años. Por eso, al ver el enfado de toda la gente que la rodea en la estación, se siente culpable y responsable, y piensa en cómo su orgullo y su egoísmo pueden causar inconvenientes a muchísimas personas, y se siente invadida por una consciencia de responsabilidad que nunca antes había tenido. Así decide que a partir de ese día se encargaría de parar siempre el subte, sin vacilar y sin volver a creer que sus compañeros de andén desestiman sus servicios. Alguien obviamente había tenido que hacer el trabajo de levantar la mano antes de que ella comenzara a viajar en subterráneo; ella había sido el relevo de aquella persona que ahora descansaba satisfecha en sus laureles, y algun día ella sería reemplazada de la misma manera, en un cíclo por siempre implícito en la memoria de los pasajeros del subterráneo.
Ese día, por la noche, comenta el episodio a sus familiares, y en confianza, se rien de ella durante horas. Humillada nuevamente, pero esta vez por sus más queridos, resuelve nunca más tomar un subte. Ya ha asumido que quienes viajan con ella la conocen, y no puede evitar pensar en cómo su estúpido brazo en alto todas las mañanas se había convertido en tema regular de conversación de los pasajeros, en anécdota de oficinas, e inclusive llega a considerar la posibilidad de haberse involuntariamente convertido en uno de aquellos tantos personajes populares de la ciudad. Frases como "Viste alguna vez a la pueblerina del B que frena el subte?" no dejan de resonar en su cabeza. No, nunca más tomaría el subte. No se atrevería a enfrentarlos nuevamente.
El conductor al otro día se levanta esperando encontrarla. Directamente, y por primera vez, ella no está en el andén. Al otro día tampoco. Al otro día tampoco. Luego él es suspendido una semana por el episodio del acelerador y a la vuelta su inteligencia no espera encontrarla. Su amor sí. Durante un tiempo bastante largo, el conductor al manejar el tren, con los túneles abriendose frente a sus ojos, desea poder atravesar el vidrio y encontrarse repentinamente del otro lado, con la trompa del vagón delantero viniendo hacia él, proporcionandole una última imagen, la famosa luz blanca al final del túnel, más literal que nunca. Pasado un período considerable de tiempo, piensa que exagera y se le va pasando.
Ella empieza a tomar colectivos, y deja que otros levanten la mano.
Él se compra una radio portátil.
24.9.08

viene mi madre a visitarme y cumplo años
como por ejemplo ahora que cumplí veintiuno
y yo ya soy de acá y ella ya no es de acá tanto pero quiere volver a serlo
entonces nos enternecemos todos y conectamos como nunca y tenemos miles de buenas conversaciones
y todas las relaciones respiran
y yo me siento medio padre protector por momentos y al mismo tiempo hijo protegido
y nada, despues se va y todo vuelve a la normalidad pero mas ordenado y con un minimo reset
y eso
a veces es como raro
31.8.08

situacion en la que nos ubicamos o en la que en realidad pido que ubiquen a quien escribe aunque todos hayan entendido el uso de la primera persona en plural como una forma literaria de blablbalablaablablabla
ya hablé no acá sino allá en uno de los *otros* blogs que tengo (la proliferación postmodernista de espacios de expresión y lo mediocres que suelen ser los mios a pesar de las fotos de bisabuelas copadas) sobre el tema este de que un año es así y un año es asá y nunca sé como va a ser mi próximo año
ahora pasa que el año pasado fue tan diferente y tan de cambios y tan malo de primera mitad y tan bueno de segunda y todos aprendimos tanto y cambiamos algunas cosas y el crecimiento y en fin un año notable y rememorable
que este año me encuentra en cambio como alguien que ya logró ordenar varios aspectos de su vida y ya tiene un trabajo estable y una vivienda estable y una situación familiar estable y amistades consolidadas (y nunca he tenido ni tendré probablemente amigos como los que tengo en este momento), tan coherente todo y tan prolijito y liviano y atolondrado pero prolijito y todo en su lugar
que todo está bien, y es cómodo y *está bueno ser un poco grande* y llego adulto a mi adultez cronológica casi que
pero un poco aburrida toda la cuestión, en el sentido de que (leer con tono mental de estar leyendo manifiesto) me niego a haber llegado hasta acá en todos esos aspectos y que ya haya llegado a muchas cosas a las que quería llegar
porque lo que me gustaría en realidad, es dinamitar un poco todo o casi y que todo se atolondre de nuevo, porque sabría que a pesar de lo divertida y sentidodelaaventurosa que es mi vida, ya tuve un momento al que pude llegar de estabilidad y paz sin demasiaado esfuerzo, y que si se me va todo a la mierda, puedo volver a encontrar un punto central un eje y acomodar todo de nuevo
y el ciclo empieza de nuevo pero distinto
y el efecto tentempié del asunto que tan tentador
por momentos hoy estuve pensando que debería escribir un libro que no valga un mango, vender dos o tres ejemplares, y con la guita comprarme un buen libro para leer, porque me prestaron uno ahora que pinta bien pero después no sé que agarraré
23.7.08
mimí
Mimí evidentemente se divirtió mucho en su vida y aparentemente fue de esas mujeres que preferian vivir bien un momento largo que aprovisionarse de recursos para buenos momentos cortos que pudieran llegar en otros momentos de la vida. Segun ella era la unica hermana fea de una familia de muchas hijas lindas y muchos hijos lindos, y segun ella su madre se lo hacía notar. Una de las hermanas le pegaba, por lo que nos decia, y tenia otras tantas miles de historias que me sorprende y avergüenza no recordar por la cantidad de veces que las repetía.
Ya mas grande Mimí se casó con un tipo gracioso pero completamente loco en muchos sentidos; iba a buscar a mi abuela al colegio con un gato en la cabeza (léase gato animal, vivo) y le mandaba al colegio todos los libros de estudio tachados y escritos encima "esto no fue asi", "esto no es cierto", etc. (Mimí era sobrina nieta de Roca y... los entusiastas de Roca tienen otras versiones de ciertas cosas). En fin, yo llevo de segundo nombre el nombre de este sr. bisabuelo mio, creo que en gran parte en honor a su simpática demencia.
Un buen dia se vendieron diversas propiedades y campos y cosas asi de las que Mimí era heredera o dueña o algo así (todo este relato no está debidamente revisado) y en vez de comprar propiedades o reinvertir o cosas asi, se fue de viaje nosecuantos meses pero casi un año con mi abuela de (15?) años por Europa.
Mi abuela increiblemente salió completamente normal y cuerda a pesar de la combinación de genes que la habia traido al mundo, pero era tan cool mi abuela (y de esto me enteré hace unos dias) que en sus años mozos, digamos 18, 19 años, tenia una moto y andaba por todos lados en su moto, lo cual era escandaloso y esas cosas para una señorita de sociedad de esas epocas.
Bueno, en fin, in memoriam de Mimí, y con una de las fotos más felices que le encontramos, entre las muchas cientas que había.
despues de todo este relato, a pesar de no haberlo escrito tan bien como me hubiese gustado, asumo que asumen que Mimí es la que tiene la mano así en el aire y cara así de mirá que circense
29.6.08
29.3.08
lo que mas me gusta
de mi es eso del optimismo constante casi estúpido
eso de que puedo estar mal un dia unas horas una noche
y de repente escucho una cancion que me gusta o entra
a mi casa una hoja de algun arbol medio marrón confirmandome
el otoño y
eso alcanza.
y pienso
your whole damn life's been pretty much wrapped up in clover from the start,
nada es tan terrible
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